Cuando el transporte también es un legado
- Francisca Latrach

- 15 ene
- 1 Min. de lectura
Hay decisiones que marcan un rumbo, incluso antes de tener total claridad del destino. Fundar SOTRUL fue una de ellas. Mi papá, Jorge Latrach, comenzó esta empresa con una idea clara: movilizar personas de forma segura, seria y profesional. Y si bien con el tiempo sumamos tecnología, equipos y nuevos desafíos, esa idea original sigue intacta.

Desde que tengo memoria, lo vi levantarse temprano, coordinar servicios, hablar con los conductores, resolver problemas antes de que alguien más supiera que existían. No era una empresa grande ni con estructuras complejas. Era simplemente alguien haciéndose cargo. Y eso, con los años, se convirtió en una forma de hacer las cosas.
Hoy, esa manera de trabajar se respira en cada rincón de SOTRUL. No se trata de replicar al pie de la letra lo que él hacía, sino de conservar el espíritu con el que lo hacía: preocuparse de que todo funcione, que la gente viaje bien, que las cosas se resuelvan con seriedad y humanidad.
Liderar esta empresa es, de alguna forma, continuar ese legado. No con nostalgia, sino con responsabilidad. Porque el transporte no es solo un servicio. Es una experiencia que deja huella. Y si logramos que cada viaje lo refleje, entonces el legado sigue en ruta.




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