Viajar también es cuidar el medioambiente
- Francisca Latrach

- hace 25 minutos
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Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de transporte y medioambiente, la conversación parecía inevitablemente negativa. Buses, emisiones, ruido, congestión. Como si el transporte fuese siempre parte del problema y nunca de la solución. Pero con los años —y desde la experiencia real— he aprendido que esa mirada es incompleta.

El transporte no es bueno ni malo por definición. Lo que marca la diferencia es cómo se opera, con qué criterios y con qué nivel de responsabilidad.
Mover personas de forma organizada, planificada y profesional también es una manera concreta de cuidar el entorno. Un bus bien gestionado puede reemplazar decenas de autos particulares. Puede reducir congestión, disminuir emisiones por pasajero y, al mismo tiempo, entregar una experiencia más segura y humana a quienes viajan.
En SOTRUL convivimos a diario con esa tensión entre operación y responsabilidad. Sabemos que cada ruta, cada horario y cada decisión logística tiene impacto. Por eso creemos que la sostenibilidad no está solo en tener buses más modernos —que, por supuesto, es importante— sino en cómo se usan, cómo se planifican los recorridos y cómo se cuidan los detalles del servicio.
Una operación responsable empieza mucho antes de que el motor se encienda. Parte en la coordinación, en evitar recorridos innecesarios, en respetar los tiempos, en mantener flotas en buen estado y en formar equipos que entiendan que transportar personas no es solo trasladarlas de un punto a otro. Es hacerse cargo de un trayecto completo.
También hay algo menos visible, pero igual de relevante: cuando una persona comienza su día viajando tranquila, puntual y cómoda, su disposición cambia. Y cuando una empresa o institución decide organizar su transporte de forma eficiente, también está tomando una decisión que impacta más allá de lo inmediato.
No se trata de discursos grandilocuentes ni de promesas vacías. Se trata de entender que cada viaje cuenta. Que el transporte puede ser una herramienta de cuidado, no solo de traslado.
Creo firmemente que el desafío de los próximos años no es dejar de movernos, sino movernos mejor. Con más conciencia, más planificación y más respeto por el entorno y por las personas.
Si logramos eso, entonces viajar también puede ser una forma real —y cotidiana— de cuidar el medioambiente.




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